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soc una dona

La violencia machista es la que sufrimos las mujeres por el mero hecho de serlo. A consecuencia de las relaciones desiguales con los hombres, basadas en el machismo, no podemos ser del todo autónomas ni alcanzar la plena ciudadanía, cosa que implica una vulneración de los derechos humanos. Todas tenemos derecho a vivir con libertad y a no ser discriminadas, no explotadas ni maltratadas. Si sufres una situación injusta o sabes de alguien que se encuentre, tienes que saber que no estás sola y que te ayudaremos.

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Diálogos 15.01.2021 Diálogos

Las mujeres somos personas con derechos

  • Text: Lobna Dahech
  • Fotografia: Maria Codina

En enero de 2020, cuando todavía no imaginábamos el jaleo que nos esperaba y solo utilizábamos la palabra pandemia para referirnos al machismo, desde Can Ninetes Marta Roura nos invitó a participar en un proyecto feminista intercultural. Un mes más tarde, veintiuna mujeres de diferentes procedencias nos reunimos en la Escola Annexa de Girona con propósitos sencillos: conocernos, compartir experiencias y encontrar lo que nos une.

Componíamos un grupo ecléctico, porqué todas tenemos trayectorias vitales diferentes y muchas nos vimos aquel día por primera vez, pero enseguida nos dimos cuenta de lo mucho que tenemos en común y la conversación fluyó con facilidad, a pesar de que no estamos acostumbradas a desenvolvernos delante de cámaras.

Como migrantes, la mayoría de nosotras ha hecho un recorrido que no siempre ha sido fácil. Y como mujeres, hemos tenido que enfrentarnos al machismo y sus violencias, tanto en nuestros lugares de procedencia como en Cataluña, que ahora es nuestra casa. El machismo se manifiesta de formas diferentes, pero en todo el mundo parte del patriarcado, un sistema de dominación basado en la fuerza que determina la inferioridad de las mujeres respecto a los hombres.

A través de la cultura, el patriarcado establece una serie de roles para las mujeres y cuenta con infinidad de mecanismos para impedir que nos liberemos. Algunos son evidentes, como la violencia física, la discriminación laboral o la dependencia económica; pero también hay otros más sutiles, como la tradición o las cargas reproductivas.

Ante esta realidad, las mujeres migrantes lo tenemos chungo. Hemos dejado atrás nuestras relaciones sociales y afectivas, al llegar estamos desconectadas del nuevo entorno que nos rodea y las barreras culturales nos dificultan establecer nuevos vínculos. Si para las catalanas autóctonas enfrentarse al machismo ya resulta complicado, para nosotras todavía es más duro. Pero somos luchadores empedernidas y huesos duros de roer, si no no habríamos llegado tan lejos.

La conversación nos sirvió para hablar de todo un poco y constatar que hay mucho trabajo por hacer, pero también para reafirmarnos en el convencimiento de que unidas somos más fuertes y que es así que conseguiremos cambiar el presente y ganarnos el futuro. Entre todas, hermanadas, sin miedo.

Muchas mujeres decidimos partir del lugar donde nacimos, o nos vemos obligadas a hacerlo para huir de la guerra, el hambre, la sumisión o, sencillamente, para lograr una autonomía económica que nos permita tomar las riendas de nuestras vidas. Emprendemos el camino con el desafío de conquistar derechos con los que aspiramos a ser las únicas capitanas de nuestros viajes y llevamos nuestros recuerdos, tradiciones y conocimientos allá donde vamos.

En mi caso, creo que fueron las condiciones socioculturales y la represión política lo que me empujó a migrar en busca de una libertad que Túnez me negaba. Paradójicamente, frustrando mis esfuerzos para conquistar derechos el sistema despertó las inquietudes que me estimularon a imaginar otras posibilidades para mi como mujer y, finalmente, a emprender el viaje.

Apenas al desembarcar del avión, las dificultades económicas y las barreras sociales ya se hacen evidentes, en gran parte por las políticas migratorias racistas y discriminatorias que infravaloran a las mujeres migrantes como yo, condenándonos a la invisibilidad. Nos reciben como mano de obra barata, útil para perpetuar privilegios y desigualdades, pero no nos acogen como ciudadanas de pleno derecho y mucho menos como personas iguales.

Doce años después, sigo con el mismo afán de libertad, pero ahora ya no estoy sola. Durante esta aventura he encontrado muchas compañeras con las que he compartido reflexiones y, sobretodo, he unido fuerzas y desarrollado estrategias para mejorar la situación de las mujeres migrantes. Como en este encuentro, donde nos cuestionamos las reivindicaciones de unas y otras, pero también compartimos experiencias y aspiraciones parecidas.

 

però també compartim experiències i aspiracions semblants.

Adama

“Como mujeres deberíamos tener derecho a que no nos impongan como tenemos que llevar nuestro cuerpo, que nuestro cuerpo no sea objeto de decisiones de otras personas que no tienen que ver con nosotras.” — Adama Boiro

Lobna Dahech

Hacemos camino juntas para sentir, pensar y construir una comunidad humana que cuide la vida en toda su dimensión.

Cada día tenemos que luchar contra estereotipos, prejuicios y la racialización a la que nos someten tanto nuestros vecinos como las instituciones. También debemos soportar permanentemente el paternalismo y que nos traten como mujeres sin capacidades que necesitamos compasión y tutela, como si fuéramos estúpidas, no tuviéramos criterio, opiniones ni capacidad de decidir.

A pesar de todas las adversidades, las mujeres migrantes nos rebelamos contra la sumisión, compartimos conocimientos y reivindicaciones, y abrazamos nuestra diversidad, que nos da fuerzas para combatir el machismo, el racismo y la desigualdad.

Nuestra acción es colectiva y comunitaria, porqué queremos acabar con los prejuicios y estereotipos excluyentes desde el vinculo entre diferentes y conquistar unidas nuestros derechos y ciudadanía.

Avanzamos en este proceso transformador a través de infinidad de movimientos y colectivos de mujeres migrantes, construyendo espacios comunes de reflexión y activismo, educando desde una perspectiva de género diversa y antirracista, promoviendo y consolidando la conciencia feminista descolonizadora entre las mujeres migrantes y generando nuevos referentes con voz propia.

También actuamos contra el patriarcado, los feminicidios y cualquier otro tipo de violencia machista que nos impida lograr una igualdad real en el acceso de todas a compartir equitativamente el bienestar común con el conjunto de la sociedad.

Hacemos camino juntas para sentir, pensar y construir una comunidad humana inclusiva y participativa, que cuide la vida en toda su dimensión y garantice la convivencia en harmonía, autonomía y libertad, sin miedo, guerra, violencia ni opresión.

La movilidad humana es un derecho y la condición de ciudadanía es inherente a la existencia en sociedad. Un estado social y democrático no puede legitimar políticas racistas, al contrario, debería garantizar los derechos de todas las personas y promover una vida libre de violencias machistas, racistas y capitalistas. Todas las vidas cuentan, la convivencia es la acción vital de reconocimiento de las diferencias y la diversidad.

Esta conversación ha servido para conocernos y constatar una vez más la fuerza y determinación de todas nosotras.

Gurvinder

“En la Escola Annexa conocí mujeres que habían pasado por una experiencia como la mía, o incluso peor. Mujeres de orígenes diversos con las que me di cuenta de que en este aspecto no hay culturas diferentes y que en todas partes las mujeres somos criadas como esclavas, para criar a los niños, hacer los trabajos del hogar y así pasar la vida, sin hacer nada más, desde bien chiquitas hasta ser ancianas.” — Gurvinder Kour

Chahida
Lobna Dahech

Tècnica de cooperació especialitzada en el món àrab i el Magrib.